La historia de la expropiación de los bienes comunes del campo en Inglaterra es un proceso fundamental para el surgimiento del capitalismo y de la revolución industrial. El proceso fue lento, duró al menos tres siglos, entre el s. XV y su consolidación en el s. XVIII, y estuvo lleno de batallas en su contra. Un proceso que fue exportado a otras latitudes mediante el colonialismo y que continúa actualmente de una u otra forma.
Esta historia es explicada por el filósofo e historiador Ian Angus en su libro The War Against the Commons, el cual divide en tres partes. La primera parte trata del inicio y difusión de los cercamientos o cerramientos de tierras de uso común en el campo para generar usos privados (ganaderos o agrícolas comerciales) por parte de los terratenientes. Lo cual abarca el período de 1450 a 1660. Algo que Karl Marx (1996, p. 907) describió en El Capital, en el capítulo de “La llamada acumulación originaria”, como “el robo sistemático perpetrado contra la propiedad comunal” por parte de los terratenientes y la nobleza.
Es necesario recordar que el esquema de propiedad feudal de la tierra y del trabajo hacía que los campesinos, la mayor parte de la población, no tuvieran tierras directamente a su nombre. Estas se les arrendaban a cambio de producción, de trabajo en especie o dinero y, además, tenían acceso a tierras comunales junto con una variedad de derechos de uso. Estas últimas les permitían cubrir muchas de sus necesidades, como alimentarse y vestirse mediante la caza, la recolección o aprovisionarse de leña para sus hogares, o tener un poco de ganado. Aunque podrían considerarse pobres, no carecían de falta de medios para su subsistencia dado su acceso a las tierras comunales. El cercamiento de estas tierras, y el fin de los arreglos feudales de producción dejó a miles de campesinos sin medios para su autosustento.
El proceso de acumulación primitiva del capitalismo, junto con el surgimiento de la producción ganadera y agrícola capitalista, desposeyó a los campesinos de los medios para poder vivir por ellos mismos y los obligó a contratarse por un salario. Proceso que Ian Angus sugiere debe de llamarse expropiación originaria, ya que argumenta que Marx había escrito de manera sarcástica el término “acumulación primitiva”, pues al describirla la como “la llamada acumulación primitiva”, se trasladaba a un pasado mítico de acumulación de riquezas, sin dar cuenta de la desposesión de las tierras comunales. Siendo que dicha expropiación originaria en muchos casos era reciente. (Esto lo desarrolla más a profundidad en el primer apéndice del libro).
Este proceso no sucedió sin resistencias y sin luchas. La Corona británica se preocupaba de los efectos negativos de la expulsión de la población del campo. Los Tudor, por ejemplo, aprobaron leyes anti-cercamientos (p. 29), que en muchos casos no eran acatadas. De igual forma que hubo muchos levantamientos a lo largo del tiempo, por citar algunos ejemplos que documenta: el sucedido en Norwich en 1549, donde más de 16,000 personas se unieron para derribar los cercamientos, pero fueron reprimidos y asesinados muchos por mercenarios contratados por el Duque de Warwick. La Revuelta de Midland de 1607, en la que participaron campesinos de Northamptonshire, Warwickshire y Leicestershire. El llamado “Levantamiento del oeste” de 1626-1632, contra la privatización de los bosques reales. La lucha de los “Fen Tigers” contra el drenaje de las zonas de los humedales de los Fens para transformarlos en zonas agrícolas, que les impedía la pesca y caza. O la colonia comunal de los Diggers de St. George’s Hill en 1649-1650, cuyas casas fueron destruidas por bandas pagadas por los terratenientes para impedir su crecimiento y consolidación.
Estos levantamientos fueron reprimidos y para impedir que continuara el uso de las tierras comunales, se aprobaron leyes para castigar a quien lo intentara, incluso con la muerte, y así garantizar la privatización de las mismas. Claramente esto desmitifica que el capitalismo haya surgido de manera pacífica y por conveniencia social. Como señala Angus: “La mera existencia del “Código Sangriento” refuta la afirmación habitual de que el capitalismo triunfó porque reflejaba mejor los dictados de la naturaleza humana que los órdenes sociales anteriores. Los pobres no se resignaban fácilmente a un sistema que los expulsaba de la tierra. La clase dominante de Inglaterra intentó aterrorizarlos para que se sometieran, pero la caza furtiva generalizada continuó durante casi dos siglos después de la aprobación de la Ley Negra de 1600. Las amenazas de tortura, deportación y muerte no pudieron impedir que los trabajadores pobres cazaran para alimentarse, ya que creían firmemente que la tierra debía ser un tesoro común para todos” (p. 154).
En la segunda parte del libro, transcurre de 1660 hasta 1860. En este periodo el colonialismo acelera el proceso de despojo ante la llegada de grandes recursos económicos al país. Recursos provenientes de la esclavitud, de las plantaciones de azúcar en el Caribe y del colonialismo en la India. Este último, además, generaría grandes hambrunas en las que morirían millones, por las mismas razones de la exclusión de la población tierras comunales. Utsa Patnaik (2002) estima que para 1801 la transferencia de riqueza de las Indias Orientales y la India a Gran Bretaña equivalía al 86% de toda la formación de capital proveniente de ahorros internos. Lo que ilustra como sin el financiamiento del colonialismo y la esclavitud el desarrollo del capitalismo y la revolución industrial pudo no haber sido tan rápido (o no existido).
Esto llevó a la expulsión de mayor gente del campo inglés y a la creación de una amplia población pobre que se veía en la necesidad de contratarse como trabajadores asalariados en la naciente industria o en la enorme flota naviera, o bien, migrar a las nuevas colonias. Retroalimentando el proceso de expolio colonial y de expropiación de los comunes en Inglaterra.
Al mismo tiempo, a partir de la Guerra Civil Inglesa los terratenientes y comerciantes toman control del Estado, y consolidan la expropiación de tierras comunales. Lo cual llevó a acciones más brutales de expropiación, incluyendo la quema de pueblos y destrucción de los bienes de los agricultores. El proceso se expandió a lo largo de Gran Bretaña, incluyendo a Escocia a partir de 1760, donde las tierras comunales se enfocaron en privilegiar la cría de ganado y llevó a despoblar el campo. Como Marx describió:
“Para concentrar los bienes, había que acabar con la pequeña propiedad, expulsar a miles de propietarios de su país natal y colocar en su lugar a unos cuantos pastores encargados de cuidar millones de ovejas. Así pues, la propiedad territorial condujo en Escocia, mediante transformaciones sucesivas, a que los hombres se viesen desplazados por las ovejas” (Marx, 2022, p. 89).
El punto era claro, obligar a los campesinos a trabajar, puesto que si tenían tierras propias, preferirían la independencia. Una situación de la cual se quejaban los terratenientes: “Les influye en la mente como una especie de independencia; esta idea lleva al hombre a perder muchos días de trabajo, con lo que adquiere un hábito de indolencia” (p. 178).
En la tercera parte del libro se trata sobre de las consecuencias de este proceso de expropiación originaria. Primero, crea nuevas clases sociales, no solo una gran cantidad de personas desposeídas que formarán el proletariado industrial y su ejército de reserva, también una clase terrateniente e industrial. Que consolidarán la estratificación del capitalismo, altamente desigual. Ya para 1803, en Inglaterra, el 5% de los más ricos eran dueños del 86% de la tierra y el 1% más rico poseía el 49% de la misma (p. 173).
Ian Angus citando a un economista de la época que señalaba: “Muchos millones de acres de tierra, que eran prácticamente propiedad de los pobres, se han convertido en propiedad de los ricos. Los ociosos se han beneficiado de ello, como en todos los demás casos, a costa de los trabajadores” (p. 157).
Otro aspecto es el efecto que tuvo sobre los trabajos de reproducción social y la consolidación del patriarcado, pues “dado que las mujeres y los niños eran los principales beneficiarios de los derechos comunales, su pérdida provocó cambios en la situación económica de las mujeres dentro de la familia y, en términos más generales, una mayor dependencia de familias enteras de los salarios y de quienes los perciben” (p. 49).
De igual manera, en esta tercera parte, desmitifican varias justificaciones respecto a los supuestos beneficios de los cercamientos. Desmitifica como los cercamientos no incrementaron la producción agrícola ni la innovación, pues muchas técnicas consideradas innovadoras ya se aplicaban desde antes. La producción agrícola se desplazó a la producción de ganado y se comenzó a importar alimentos para el mercado interno. Lo cual generó grandes problemas para alimentar a la población, forzándolos a trabajar por bajos salarios o emigrar e incrementando la pobreza extrema. Es importante recordar que los terratenientes buscaban mayor renta, no mayores ingresos.
“En resumen, el capitalismo funcionó como siempre lo hace: reduciendo la masa salarial y aumentando los beneficios. Los beneficios tuvieron prioridad sobre las personas, lo que provocó el fracaso total de la transformación capitalista de la agricultura nacional para satisfacer las necesidades básicas de cereales a partir de la producción interna” (p.167 ).
Angus también recuerda que la contradicción campo - ciudad se genera de este proceso de desposesión de las tierras comunales, la cual es causa de la ruptura metabólica que se expresa en diferentes problemas ambientales en la actualidad. De ahí que esta haya sido resaltada por Marx. Ian Angus señala que:
“La crítica marxista de la división entre la ciudad y el campo no se limitaba a un equilibrio geográfico ni a romper con las relaciones insalubres, aunque ambos aspectos eran importantes. Era un llamamiento para sanar la ruptura metabólica creada por el capitalismo, mediante el restablecimiento de la conexión directa de la humanidad con el suelo del que depende la vida, unificando la industria con la agricultura y poniendo fin a nuestra separación con el mundo natural. Era un llamamiento a la restauración de los bienes comunes en un nivel superior, como propiedad social regulada racionalmente por los productores asociados” (p. 191).
El largo proceso de privatización de tierras comunales no se limitó sólo al surgimiento del capitalismo en Gran Bretaña, este proceso aún sucede fuera de occidente, especialmente en el tercer mundo, donde continua la privatización de tierras o se abre la puerta a que se fraccionen y vendan. Tal como ha pasado en México con las tierras ejidales a partir de la reforma de 1992. La concentración de suelo agrícola por grandes capitalistas se mantiene y sigue generando grandes expulsiones de personas en el mundo de sus tierras originarias, como Saskia Sassen (2015) documenta.
Ian Angus, resalta que las luchas actuales de pueblos indígenas por la defensa de sus tierras y derechos comunales es de vital importancia; ya que, esto marca la posibilidad de otra manera de producir y habitar el planeta.
Finalmente, es necesario considerar que la lucha actual por los comunes es mucho más amplia. David Harvey (2004 y 2007) sostiene los mecanismos de expropiación originaria se encuentran totalmente vigentes y han servido para mantener el proceso de acumulación de capital en la actualidad, algo que llama acumulación por desposesión. Mecanismos que van más allá de las tierras comunales en el campo, pues abarcan otro tipo de bienes comunes, incluso los de reciente creación por el mismo capitalismo, como el espacio público dentro de la ciudad. Incluso es posible hablar de la enorme concentración de empresas en internet, como un “cercamiento de los servicios digitales de uso común” (algo que ha sido catalogado como un tecnofeudalismo, por Yanis Varoufakis (2024) y Jodi Dean (2025)).
Como bien cierra Ian Angus, “los movimientos de hoy de los oprimidos y los desposeídos para recuperar los bienes comunes ofrecen una esperanza real de que la guerra de cinco siglos que el capitalismo lleva librando contra los comunes pueda ser derrotada y revertida en nuestro tiempo.” (p. 202). Sin duda una tarea urgente en nuestros días.
Referencias:
Angus, Ian. (2023). The War Against the Commons. New York: Monthly Review Press.
Dean, Jodi. 2025. Capital’s Grave: Neofeudalism and the New Class Struggle. London: Verso.
Harvey, David. (2004). El nuevo imperialismo. Madrid: Akal Editores.
Harvey, David. (2007). Breve historia del neoliberalismo. Madrid: Akal Editores.
Marx, Karl. (1996 [1867]). El Capital. T. 1. Vol 3. México: Siglo XXI Editores.
Marx, Karl. (20226 [1847]). La miseria de la filosofía. México: Siglo XXI Editores.
Patnaik, Utsa. (2002) “New Estimates of 18th – Century British Trade and Their relation to Transfer from Tropical Colonies”. In The Making of History, ed. K.N Panikkar, Terence J. Byers, and Utsa Patnaik, 359-402. Anthem South Asian Studies, 2002.
Sassen, Saskia. (2015). Expulsiones: brutalidad y complejidad en la economía global. Buenos Aires: Katz Editores.
Varoufakis, Yanis. (2026). Tecnofeudalismo: el sigiloso sucesor del capitalismo. México: Ariel.

