De las ciudades periféricas al mundo
La diseminación de tecnologías negativas de guerra en las ciudades
Las ciudades periféricas dentro del capitalismo, es decir, las localizadas en los países colonizados o subordinados, han sido y son sitios de experimentación y aplicación de nuevos mecanismos de control sobre la población local. Sean mecanismos de control políticos, económicos o físicos. Estos últimos, han dado lugar a nuevos métodos de violencia física y, en algunos casos, han sentado las bases de las tragedias más terribles de la historia de la humanidad. Del mismo modo, han generado nuevas formas de control y vigilancia que terminan aplicándose en las propias ciudades centrales del capitalismo y tienden a generalizarse en el resto del mundo.
Esto se ha descrito como el bumerán imperial1, pero va más allá de sólo un simple efecto aplicado en las colonias y que regresa a las capitales metropolitanas enmarcado dentro de una lógica de poder (colonial). Forma parte de la lucha de clases más cruda dentro del capitalismo para mantener los procesos de acumulación o abrir nuevos mercados imperialistas. Se prueban innovaciones sobre grandes poblaciones y en condiciones reales, lo cual de otra manera sería imposible, y posteriormente se aplican o comercializan en beneficio del capital.
Tomemos un ejemplo histórico que registra estos procesos. A principios del siglo XX, los pueblos Herero y Nama, habitantes de Namibia, se rebelaron contra la ocupación del Imperio alemán, debido a un proceso de acumulación por desposesión que les infringían. Fueron derrotados y el Imperio estableció los primeros campos de concentración durante 1904-1908, a los cuales se transportó (en trenes) a estas poblaciones (independiente de si participaron o no en los alzamientos) a sitios lejanos y remotos. En estos campos de concentración murieron miles, por sus condiciones extremas de vida, trabajo y por las atrocidades de los alemanes contra ambos pueblos. Por lo que se le considera el primer genocidio registrado en el siglo XX.
Esta experiencia sería retomada por los alemanes en la Segunda Guerra Mundial para asesinar en masa y de manera industrial a judíos, gitanos, homosexuales, comunistas, entre otros grupos: se enviaba a los reclusos en tren a sitios remotos para ser exterminados sistemáticamente.
La diferencia radica en que en el primer caso, en Namibia, se utilizó con fines de explotación colonial, es decir, sometimiento de la población local para la expropiación y extracción de recursos naturales. Fue una forma de acelerar la acumulación por desposesión a favor de los alemanes, al expropiar a los pueblos Herero y Nama de sus tierras y ganado, al mismo tiempo que eliminó las posibilidades de reproducción social de la población, evitando así que la resistencia local pudiera mantenerse. En el segundo caso, fue fruto de un mecanismo ideológico utilizado para ocultar el antagonismo de clases del capitalismo en Alemania y dirigirlo hacia grupos específicos (como bien establece Žižek, 2017), mientras se combatía abiertamente a los comunistas ante el temor de una revolución proletaria. Todo logrado bajo un proceso industrializado, del cual se beneficiaron empresas, no solo de los contratos de construcción y transportación, también de trabajo forzado, así como de la expropiación de bienes a sus víctimas que fueron transmitidos a compañías e individuos alemanes. Un mecanismo que funcionó para desactivar la lucha de clases, así como para explotar y expropiar a una población específica.
Otro caso es el “método Haussmann” (llamado así por Friedrich Engels2), que consistió en destruir los barrios obreros de París que se habían movilizado en la revolución de 1848, para sustituirlos por amplios bulevares que permitieran a las tropas recorrer rápidamente la ciudad de un sitio a otro, sin callejones y sin la posibilidad de detener el avance mediante barricadas. Al mismo tiempo, que se revendía el suelo para desarrollos habitacionales destinados a la burguesía. Este método se ideó en realidad en Argelia en 1840, donde para sofocar la rebelión contra los franceses se destruyeron “vecindarios enteros para construir caminos modernos” con fines militares. Ideas que el barón Haussmann retomaría de Marshall Thomas Robert, quien escribió el primer tratado de guerra urbana posterior a la represión que dirigió en Argelia (Weizman, 2006).
Ahora bien, una vez establecidos la efectividad de estos mecanismos se pueden propagar fácilmente a nivel mundial y a través del tiempo. El llamado “método Haussmann”, desplazamiento de población trabajadora para generar espacios en favor del capital, se reactualizó durante el siglo XX. Es el caso de las autopistas urbanas en la etapa de la posguerra en EUA, que llevó a la destrucción de barrios enteros de población trabajadora de color y su expulsión del centro de las ciudades. Esto para abrir espacio a los proyectos inmobiliarios de “renovación urbana”. Como sostenía James Baldwin en 1963: “urban renewal…negro removal”3.
Volviendo a la actualidad, lo que presenciamos en guerras contemporáneas en Palestina, Ucrania, Sudán, Irán o Líbano es el surgimiento de nuevos métodos y tecnologías que empiezan a aplicarse en las ciudades del capitalismo antes de su diseminación global. El uso de drones y misiles, así como la aplicación militar de la inteligencia artificial para la destrucción sistemática de infraestructuras y viviendas civiles, marcan una nueva forma de violencia directa que ha demostrado su efectividad. En el caso de Palestina, Antony Loewenstein ha identificado claramente esta situación y la ha descrito como el Laboratorio Palestino (Capitan Swing, 2024). Estos nuevos métodos y tecnologías pueden desplegarse ahora con mayor refinamiento y facilidad en las ciudades para pacificar a la clase obrera o a grupos de población vulnerable, así como para beneficiar a ciertos tipos de capital, una vez que se ha comprobado su efectividad como mecanismos de control y como producto comercializable probado en batalla.
Una tendencia que además se encuentra apoyada en una ideología abiertamente de derecha, de corte militarista, que establece un nuevo tipo de enemigo no estatal que se puede infiltrar en la población, en las ciudades, y usarlas como un arma. El geógrafo inglés Stephen Graham desde hace más de una década sintetizaba esta ideología haciendo énfasis en que el enemigo ahora es no estatal y se trata de poblaciones que se cataloga de insurgentes o terroristas. Bajo esta ideología se considera que estos enemigos (ocultos entre la población) llevarán una nueva generación de guerras internas, aprovechando las ciudades para ello.
“Sin uniformar y sin distinguirse realmente de las poblaciones civiles, los guerreros de los no-Estados, milicias, insurgentes, terroristas, merodean invisibles gracias al anonimato producido por las florecientes ciudades del mundo (especialmente en los distritos informales de rápido crecimiento). Ellos explotan los circuitos y arterias que enlazan a las ciudades modernas: Internet, YouTube, la tecnología del GPS, celulares, aviones, el turismo globalizado, la migración internacional, los sistemas portuarios, las finanzas globales, e incluso los servicios postales y las redes eléctricas” (Graham, 2012, p. 11).
Es la idea de un enemigo que infecta el cuerpo social, lo manipula y consigue crear una revolución. La misma idea que utilizaron los nazis para justificar los horrores de los campos de concentración, pues dentro de su lógica, al retirar el organismo que infectaba el cuerpo social (los judíos), lograrían un cuerpo puro (ario) y lograrían la armonía social.
De igual modo, bajo este tipo de ideología se justifica que se desplieguen mecanismos de vigilancia nunca vistos en las ciudades de los llamados países desarrollados, lo cual tiene de premisa que la misma población civil es peligrosa (dado que existe algún enemigo infiltrado). Aunque primero habría que preguntarse para quién y claramente es para el statu quo de la burguesía local. El peligro es que el antagonismo de clases salga a flote y genere una situación revolucionaria (aunque no necesariamente suceda así). Graham menciona que:
“…apuntan a una guerra perpetua como forma de tratar a los residentes de una ciudad como permanentes blancos cuya buena voluntad, lejos de asumirse, ahora tiene que ser demostrada continuamente a un complejo aparato de vigilancia y recolección de datos” (Graham, 2012, p. 15).
El resultado de este tipo de ideologías y de la aplicación de los nuevos métodos y tecnologías es que se menoscaban o eliminan las capacidades democráticas de las ciudades y las aspiraciones de sus poblaciones, mientras se facilitan los ciclos de acumulación de capital. Esta es una forma de contrarrestar el derecho a la ciudad. Sin embargo, en casos extremos, cuando los gobiernos y Estados imperialistas consideran que no pueden controlar una ciudad o que hacerlo resultaría muy costoso, han optado por destruirla sistemáticamente, sin importarles el resultado sobre su población. Claro está, no sin buscar un beneficio económico de por medio.
Esto mismo es lo que ha pasado en Gaza. En primer lugar, convirtieron el territorio palestino en el campo de concentración más grande del mundo tras la elección de Hamás en 2006. Posteriormente, al no lograr que los palestinos aceptaran la expropiación y ocupación de sus tierras, así como al desvincular la economía de Gaza de Israel, el Estado de Israel optó por arrasarla tras el atentado del 7 de octubre de 2023. Para ello, ha utilizado bombardeos masivos y sistemáticos guiados por inteligencia artificial. Sin importar las bajas civiles, Israel ha destruido la infraestructura y las viviendas de Gaza con el objetivo de evitar tanto la reproducción del capital como la reproducción social, y así impedir que pueda sostenerse cualquier tipo de resistencia a la expansión de Israel, ya sea Hamás u otro grupo. Esta situación ha resultado ser un negocio muy lucrativo para un grupo de empresas vinculadas al complejo militar israelí y a la ocupación de Palestina, como ha documentado la ONU en su informe especial De la economía de ocupación a la economía del genocidio.
Esto ha derivado en la aplicación a gran escala del método Haussmann, que busca crear un gran negocio inmobiliario sobre la tierra arrasada de Gaza, bajo la distopía del plan de 20 puntos para la paz y el GREAT Trust impulsado por EUA.
Si bien estas tecnologías se habían probado antes en Oriente Medio durante la guerra de Irak, Afganistán o Siria, su uso a esta escala, automatización y velocidad de despliegue no habían sucedido hasta la guerra en Gaza o en Ucrania. Esto se ha visto, por ejemplo, con el uso de drones y sistemas automatizados de análisis masivo de imágenes y vídeos para la identificación y clasificación de objetivos en tiempo real.
Hoy en día, estas nuevas tecnologías ya se están aplicando en los países desarrollados. Por citar algunos ejemplos en Estados Unidos. Elbit Systems, una de las empresas militares más importantes de Israel, ha permitido desplegar el campo de concentración de Gaza con sus mecanismos de vigilancia y muros, ahora es contratista del gobierno estadounidense y participa con su tecnología en la implementación del muro fronterizo con México, que tiene como objetivo detener el paso de migrantes con tecnología militar. Otro ejemplo: ICE busca utilizar inteligencia artificial para localizar a posibles migrantes en Estados Unidos. Una vez arrestados, son enviados a prisiones privadas (como campos de concentración) y, en los casos más extremos, a campos extraterritoriales como la megacárcel de El Salvador.
En ejemplos menos evidentes, se comienza a utilizar estos nuevos métodos y tecnologías bajo el paraguas de las ciudades inteligentes y sus estrategias de seguridad asociadas. Entre estas aplicaciones se encuentran el uso de drones e inteligencia artificial para el análisis de vídeos en tiempo real con fines de vigilancia y patrullaje.
Dado los beneficios económicos que generan, el uso de estas estrategias o tecnologías está siendo impulsado abiertamente por empresas como la estadounidense Palantir Technologies, que ha cooperado con Israel para utilizar la inteligencia artificial en el genocidio de Gaza y que ahora utiliza para identificar a migrantes en EUA.
Esto solo es un pequeño recordatorio: lo que para algunos parece un conflicto lejano sirve como ejemplo de lo que llegará al resto del mundo, pues, más allá de ser un mecanismo de control, es funcional para la acumulación de cierto tipo de capitales. Esto es aún más cierto en un momento en que existe un cambio en el modelo de acumulación de capital a nivel mundial, donde la globalización neoliberal está en retroceso y son los Estados capitalistas quienes están asumiendo un papel activo en la planificación y facilitación de los procesos de acumulación, incluida la actualización de los métodos de acumulación primitiva. Como señala Álvaro García Linera (2026), el Estado usa su «potencia económica» para facilitar la transición entre modelos de acumulación. Por eso es tan importante que la izquierda comprenda y afronte los sucesos actuales: el genocidio palestino, los diversos conflictos armados, los intereses del complejo industrial-militar y su asociación con las grandes empresas tecnológicas, así como los proyectos de la derecha contemporánea.
Referencias
Albanese, Francesca. (2025) From Economy of Occupation to Economy of Genocide: Report of the Special Rapporteur on the Situation of Human Rights in the Palestinian Territories Occupied since 1967 (A/HRC/59/23). Human Rights Council, Fifty‑ninth Session, 16 June–11 July 2025. United Nations, 2025. https://www.un.org/unispal/document/a-hrc-59-23-from-economy-of-occupation-to-economy-of-genocide-report-special-rapporteur-francesca-albanese-palestine-2025/.
Baldwin, James. (1963). Interview with Kenneth B. Clark. Televised interview. American Archive of Public Broadcasting. : Disponible en: https://americanarchive.org/catalog/cpb-aacip-15-9m03xx2p
Césaire, Aimé. (2006 [1950]). Discurso sobre el colonialismo. Traducción de Beñat Baltza Álvarez, Juan Mari Madariaga y Mara Viveros Vigoya. Madrid: Akal.
Engels, Friedrich. (1845). La situación de la clase obrera en Inglaterra. Marxists Internet Archive. Consultado el 2 de abril de 2026. https://www.marxists.org
Foucault, Michel. (2000). Defender la sociedad: Curso en el Collège de France (1975–1976). Traducción de Horacio Pons. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
García Linera, Álvaro. (20269. El protagonismo estatal en la crisis global. Dario en Red. Disponible en: https://www.diario-red.com/articulo/armas-para-pensar/bla/20260522134714070051.html.
Graham, Stephen. 2012. El nuevo urbanismo militar. Antropología. Revista interdisciplinaria del INAH. 94 (Apr. 2012), 6–18. Disponible en: https://revistas.inah.gob.mx/index.php/antropologia/article/view/2695
Loewenstein, Antony. (2024). El laboratorio palestino: Cómo Israel exporta al mundo la tecnología de la ocupación. Traducción de Gabriela Ellena Castellotti. Madrid: Capitán Swing
Weizman, Eyal. (2006. “Ther War of Streets and Houses”, en Cabinet Magazzine, Núm 2. Disponible en: https://www.cabinetmagazine.org/issues/22/bugeaud.php
Žižek, Slavoj. (2017). Porque no saben lo que hacen: El sinthome ideológico. Madrid: Akal.
Efecto descrito por Aimé Césaire en Discurso sobre el colonialismo (1950), el cual sería retomado por Michel Foucault en Defender la sociedad (1976).
Engels en Contribucione al problema de la vivienda (1873) escribió: “Entiendo aquí por Haussmann, no solamente la manera específica bonapartista del Haussmann parisino de trazar calles anchas, largas y rectas a través de los barrios obreros construidos estrechamente, y bordearlas a cada lado con edificios lujosos; su finalidad, aparte la de carácter estratégico tendente a hacer más difícil la lucha de barricadas, era formar un proletariado de la construcción específicamente bonapartista y dependiente del Gobierno, y asimismo transformar París en una ciudad de lujo. Entiendo por Haussmann la práctica generalizada de abrir brechas en barrios obreros, particularmente los situados en el centro de nuestras grandes ciudades, ya responda esto a una atención de salud pública o de embellecimiento o bien a una demanda de grandes locales de negocios en el centro, o bien a unas necesidades de comunicaciones, como ferrocarriles, calles, etc. El resultado es en todas partes el mismo, cualquiera que sea el motivo invocado: las callejuelas y los callejones sin salida más escandalosos desaparecen y la burguesía se glorifica con un resultado tan grandioso; pero.... callejuelas y callejones sin salida reaparecen prontamente en otra parte, y muy a menudo en lugares muy próximo.”
La frase completa de Baldwin fue: “…something called urban renewal, which means moving the Negroes, getting it means negro removal that is what it means...”

