El automóvil es una mercancía especial dentro de la sociedad capitalista, no sólo por su función como medio de consumo y de producción, también genera una ideología alrededor del mismo que la sobre determina. En el sentido de qué va más allá de su uso material, se le agrega una serie de valores y aspiraciones sociales, que hacen de ella una mercancía que reproduce los valores ideológicos del capitalismo.
Es importante recordar que el automóvil se creó a partir del carruaje tirado por caballos, bajo la idea de superar las limitaciones de la tracción animal. Un automóvil puede andar sin el cansancio de los caballos, por mucho más distancia y tiempo, por una fracción de la energía que requieren los animales. Al mismo tiempo que libera de la necesidad de todos los gastos relacionados con el mantenimiento de caballos e incluso de un conductor del carruaje. Aun más, su contaminación resulta más fácil de socializar que toneladas de desechos de los caballos. A finales del siglo XIX, el estiércol en las calles se consideraba que el mayor obstáculo para el desarrollo de las ciudades, ya que generaban múltiples problemas de contaminación y salubridad.
“Las ciudades del siglo XIX dependían de miles de caballos para su funcionamiento diario…El problema, por supuesto, era que todos estos caballos producían enormes cantidades de estiércol. Un caballo produce una media de entre 15 y 35 libras de estiércol al día. En consecuencia, las calles de las ciudades del siglo XIX estaban cubiertas de estiércol de caballo. Esto, a su vez, atraía a un gran número de moscas, y el estiércol seco y triturado se esparcía por todas partes. En Nueva York, en 1900, una población de 100 000 caballos producía 2,5 millones de libras de estiércol al día, que había que barrer y eliminar.” (Davies, 2004).
La creación del automóvil implicó un avance tecnológico que proporcionó autonomía frente a la tracción animal y sus contradicciones, lo que generó a su vez una idea de liberación, de libertad. Ya no se necesita de establos, de alimento, de cuidadores, de limpieza del estiércol, etcétera. Con el automóvil, los conductores pueden controlar la máquina sin la necesidad de gestionar lo anterior. Esta idea de libertad es central para la ideología capitalista. La idea de que la innovación tecnológica generada por el capitalismo resolverá los problemas que genera. Por lo tanto, esta innovación tecnológica siempre se presenta como algo positivo en la forma de nuevas mercancías. Por ejemplo, en el caso del automóvil de combustión interna, que causa contaminación local y emisiones de gases de efecto invernadero que provocan múltiples problemas de salud y el calentamiento global, hoy se propone como solución el automóvil eléctrico. Al igual que en su momento fue el automóvil sustituyó a los caballos. Sin embargo, solo resuelve parcialmente los problemas de emisiones locales, ya que aborda el problema de las emisiones que causan el calentamiento global debido a que se requiere generar energía eléctrica mediante fuentes fósiles para satisfacer esta creciente demanda[1]. Incluso genera nuevos problemas relacionados con la extracción de litio.
Por otra parte, el automóvil, al igual que los antiguos carruajes, tiene un estatus clasista, ya que mantiene la división de clases vigente. La idea de un vehículo cómodo en el que desplazarse aislado del exterior y de los demás, marcando una diferencia social, a través de una barrera material. Además, requiere que el espacio común se reduzca al mínimo y se utilice principalmente para el consumo de esta mercancía, dejando de lado cualquier otra actividad social. En otras palabras, el espacio común de las ciudades está dominado hoy en día por calles pensadas para el uso de vehículos, en lugar de para otros usos sociales importantes como el esparcimiento, el descanso, las actividades comunitarias, etc.
Este estatus clasista se puede combinar fácilmente con la idea de modernidad y pericia individual. Se trata de una máquina que permite superar las barreras naturales del cuerpo y que requiere pericia para obtener resultados sorprendentes. Una ventaja sobre los demás que permite explotar las propias habilidades. Es la ideología de la individualidad y el esfuerzo personal para ganar mayor estatus social.
Hoy en día, los automóviles combinan fácilmente estos ideales y fantasías. Más bajo la sociedad capitalista que promueven el individualismo y aspiracionismo de pertenecer a la burguesía. Para la llamada “clase media” le resulta un fetiche para tratar de cumplir esta fantasía. Un automóvil les permite ostentar sus ganancias materiales, diferenciarse de la clase obrera (como si no formaran parte de ella) y sentirse parte de la burguesía, aunque jamás lo serán. Les permite presumir de ser modernos, hábiles y con libertad de desplazamiento por el mundo. Todo ello refuerza los valores del capitalismo. Gortz ya apuntaba a esto en 1973, al escribir:
“El automovilismo de masa materializa un triunfo absoluto de la ideología burguesa al nivel de la práctica cotidiana: funda y sustenta, en cada quien, la creencia ilusoria de que cada individuo puede prevalecer y beneficiarse a expensas de todos los demás. El egoísmo agresivo y cruel del conductor que, a cada minuto, asesina simbólicamente a “los demás”, a quienes ya no percibe más que como estorbos materiales y obstáculos que se interponen a su propia velocidad, ese egoísmo agresivo y competitivo es el advenimiento, gracias al automovilismo cotidiano, de una conducta universalmente burguesa. […]”
Además, el automóvil, conecta perfectamente con la necesidad intrínseca del capital de aumentar la velocidad para la realización de la plusvalía (Marx (s.f.: s.p.i.). En otras palabras, el capitalismo siempre busca acelerar sus procesos de producción, consumo y circulación. Cuánto más rápido lo hagan los capitalistas, más rápido acumulan y en menos tiempo reproducen su capital. Así el automóvil, materializa el valor de la velocidad que el capitalismo apremia.
Sin duda, la velocidad se puede asociar fácilmente a las ideas de rebeldía y libertad, ya que se cree que con un automóvil es posible trasgredir las limitaciones naturales y las barreras espaciales, recorrer el mundo a gran velocidad y atravesarlo de hemisferio a hemisferio (aunque en la práctica lo que se crea es una dependencia de su uso). Se trata de una mercancía que permite conectar con las generaciones más jóvenes, que buscan enfrentarse a las normas establecidas y ganarse un lugar en la sociedad burguesa; generaciones que desean consumir el mundo. Al igual que el capital, que destruye todas las barreras sociales que encuentra y consume la naturaleza en beneficio propio. Una mercancía conectada con las grandes ideas del capitalismo moderno.
Esta ideología se disemina hacía todas las clases sociales gracias a la creación de diferentes modelos de vehículos y a la depreciación de los vehículos en circulación: nuevos, seminuevos, de ocasión, antiguos, clásicos, etc. Esto permite diferenciar aún más esta mercancía y cada uno de los atributos sociales correspondientes, y segmentar mucho los mercados de consumo, reforzando la idea capitalista de que uno puede ser quien quiera ser si adquiere las mercancías correctas.
El abaratamiento y la masificación de los automóviles no eliminan sus características clasistas; más bien, permiten reforzarlas. Los coches más viejos, en peor estado, fuera de moda y baratos se asocian al uso de las clases bajas. Los coches nuevos, caros, con los últimos aditamentos tecnológicos, etc., se asocian a las clases altas, la riqueza y la opulencia. Aunque la masificación resulta contradictoria con respecto a la necesidad de velocidad del capital o a su carácter clasista, lo cierto es que no elimina la acumulación capitalista, sino que abre muchas oportunidades para ello en una economía asociada a la congestión y refuerza el carácter clasista del automóvil.
Incluso se usa el concepto de sustentabilidad: los pobres usan coches viejos y contaminantes, mientras que los ricos usan coches eléctricos de lujo de última generación. Esto permite a un sector de la burguesía y la clase media asumir una posición individualista ante los problemas sociales (como si cada uno pusiera su grano de arena para resolver los problemas de contaminación que genera), sin que realmente cambie nada de fondo.
Como mercancía, nunca cumple la promesa por la que se obtiene (lujo, velocidad, virilidad, etc.) y siempre surge un modelo nuevo que se vende como el objeto que sí puede lograrlo. Así se impulsa un ciclo de consumo que permite mantener la producción de la industria automotriz año tras año, mediante la creación de deseo y disatisfacción continuos. [2]
En resumen, el automóvil tiene en sí mismo un alto valor de uso dentro del capitalismo, ya que conecta ampliamente con las necesidades técnicas de acumulación del capital. Una mercancía que más allá de su industria y mercado, facilita la reproducción social de los valores capitalistas: su ideología.
Referencias:
· Davies, Stphen. (2004, September 1). The great horse-manure crisis of 1894. Foundation for Economic Education. https://fee.org/articles/the-great-horse-manure-crisis-of-1894
· Gorz, André. (1973). La ideología social del automóvil. Recuperado el 25 de agosto de 2025 de Letras Libres. https://letraslibres.com/revista-espana/la-ideologia-social-del-automovil/
· Marx. Karl. (s. f.), “Exchange of Labour for Labour Rests on the Worker’s Propertylessness”, en Grundrisse: Notebook V – The Chapter on Capital, Marx Engels Archive, recuperado el 10 de agosto de 2025, de <https://www.marxists.org/archive/marx/works/1857/grundrisse/ch10.htm>.
· McGowan, Todd. (2016). Capitalism and desire: The psychic cost of free markets. New York: Columbia University Press.
[1] Un vehículo eléctrico sí disminuye en su ciclo de vida total las emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con un vehículo de combustión interna. Sin embargo, ante la perspectiva de crecimiento del parque vehicular y el aumento de los viajes en automotores, sólo podría ser una medida efectiva si se combina con otras para atacar el cambio climático
[2] McGowan (2016, p. 35) describe muy bien este punto, señalando que “El sujeto capitalista se pregunta constantemente qué objeto es el más deseable o el más deseado por otros sujetos. Por ejemplo, un sujeto compra un coche con la esperanza de encontrar el modelo y el color adecuados para satisfacer el deseo del otro sujeto. El sujeto buscará, sin nunca encontrarlo, el coche que encarne a la perfección lo que Jacques Lacan denomina el deseo del Otro. […] La fantasía de obtener el objeto que el Otro desea sirve para convencer al sujeto de que puede encontrar objetos satisfactorios.”

