La ciudad neoliberal
Reseña de un pequeño gran libro de Gilles Pinson que resume las discusiones teóricas y sus implicaciones sobre la llamada "ciudad neoliberal".
Uno de los trabajos más complicados intelectualmente es resumir las posiciones teóricas sobre conceptos abstractos, así como las consecuencias prácticas y políticas de cada posición. Probablemente uno de los conceptos abstractos más discutidos en las últimas décadas (Boas, & Gans-Morse, 2009; Dawes, 2004) es el término “neoliberalismo”, que se ha usado tanto para justificar como para criticar un espectro de políticas públicas implementadas por los Estados, dependiendo del enfoque teórico y político desde el que se escriba de ellas.
En los estudios sobre las ciudades, desde hace varias décadas sucede lo mismo en torno al término “la ciudad neoliberal”, aunque el espectro es menos amplio y, en general, tiene una connotación negativa sobre la aplicación de las políticas neoliberales en las ciudades. No obstante, no existe un conceso sobre la definición de qué es una ciudad neoliberal y en qué consisten sus críticas.
En este sentido, Gilles Pinson, politólogo francés, hace un gran trabajo con su libro “La ciudad neoliberal”, al resumir de manera breve y consistente las discusiones e implicaciones sobre este concepto, en tres partes más una introducción.
Desde la introducción es posible notar el trabajo de resumen que realiza y su importancia en la discusión sobre la ciudad neoliberal, al destacar que existen cuatro enfoques teóricos principales que la discuten. En primer lugar, se encuentra el enfoque marxista (que Pinson describe como “neomarxista”[1]) encabezado por los trabajos de David Harvey. Este enfoque señala que el neoliberalismo es un proyecto de restauración de clase (burguesa), donde el Estado tiene un papel muy activo en su implantación, lo que le ha permitido gestionar el excedente capitalista y reactivar los ciclos de acumulación del capital. El segundo enfoque, esta basado en los estudios sociológicos y antropológicos inspirados en Pierre Bordieu, que tienden a ser altamente empíricos (debido a las mismas metodologías de análisis usadas en la sociología) sobre la dimensión social y administrativo- burocrática al momento de la adopción de la lógica neoliberal dentro de las ciudades. Además, este enfoque interpreta el neoliberalismo como un proyecto de Estado, que busca imponer las lógicas del mercado en la ciudanía. En otras palabras, no es el capital (ni la lucha de clases) lo que impulsa la agenda neoliberal, sino el Estado, a diferencia del enfoque anterior. Lo que supone una supremacía de los gobiernos sobre el mercado.
La tercera corriente, está basada en los desarrollos Michel Foucault y define al neoliberalismo como “una forma de reflexión crítica sobre la práctica gubernamental” (p.30). Así, reduce al neoliberalismo a “técnicas de gubernamentalidad” para el control de los individuos y la imposición de ideales éticos que permiten la creación de nuevas subjetividades basadas en la competencia. Niega que el neoliberalismo siga una lógica ideológica, política o de fuerzas de la económica capitalista, y con ello rechaza la lucha de clases o las acciones Estatales. Según esta corriente, los individuos, las comunidades y los territorios “no son víctimas ni “artefactos” de la neoliberalizaicón, sino protagonistas activos del ethos competitivo” (p.31).
Finalmente, identifica una cuarta corriente, la geografía crítica que busca articular “el estructuralismo marxista, el constructivismo bourdieusiano y los trabajos foucaultianos sobre la gubernamentalidad en un mismo marco analítico”. Es decir, trata de encontrar una síntesis entre los tres anteriores, lo que permite sostener críticas basadas en estos marcos teóricos, pero que simultáneamente genera grandes debilidades en sus explicaciones debido a las contradicciones entre éstos.
A partir de esta introducción, divide el libro en tres partes y discusiones. La primera parte la enfoca en describir históricamente el cambio de las políticas urbanas de planeación y dotación de servicios, inspiradas en el keynesianismo y en el estado benefactor, a las políticas neoliberales. Sobre las primeras, señala que el modelo de acumulación de capital de posguerra consistía en un modelo de producción y otro de regulación (interpretación de la escuela regulacioniasta francesa). En el caso del primer componente, se trataba del modelo de producción fordista, el cual estaba basado en la estandarización y la producción en masa; mientras que el modelo de regulación se basaba en la intervención y en la negociación salarial (para incrementar el consumo, regular los ciclos económicos y evitar las crisis de acumulación[2]). Así, durante la posguerra se adoptó un modelo de planeación basado en la idea de redistribución para el equilibrio del desarrollo de las ciudades y de los sistemas de ciudades (dentro de una nación). En EUA el modelo implicaba mejores salarios y redistribución mediante el mercado; mientras que en Europa el Estado de bienestar estaba materialmente más presente, con una mayor planificación urbana y provisión de bienes y servicios públicos, e incluso la desmercantilización de bienes como la vivienda. También se apoyaba a diversas ciudades y regiones para nivelar el desarrollo. Aunque Pinson no lo menciona, esto existió gracias a la presión política que ejercía el bloque de países socialistas, que habían avanzado mucho en la garantía del bienestar material de sus poblaciones. Por ello, este modelo también tenía la función política de moderar las demandas sociales y evitar levantamientos y revoluciones obreras.
Para Pinson, el fin de estas políticas se debe en gran medida al ascenso de gobiernos nacionales de derecha, que generaron cambios fuertes y rápidos en las políticas nacionales y urbanas con un enfoque de libre mercado, en respuesta a las crisis del capitalismo de la década de 1970. Aunque Pinson no abunda en qué fue lo que generó la crisis económica en el modelo de acumulación del capitalismo en esta década.
En la segunda parte del libro, habla de cómo se impulsó un “desarrollo urbano basado en el crecimiento [económico] que relega a un segundo plano las cuestiones de justicia espacial o de uso óptimo del suelo” (p.71). A partir de ahí, surgieron una serie de nuevas políticas urbanas e instituciones, así como la construcción de grandes equipamientos urbanos, junto con el abandono de la dotación de bienes y servicios públicos, para lograr el objetivo de crecimiento económico. El caso más dramático es el de la vivienda, que pasó a ser un bien dotado principalmente por el mercado y las políticas de vivienda social se volvieron residuales. Del mismo modo que el enfoque de las políticas de intervención urbana pasó de tratar de “remediar las situaciones de pobreza, exclusión o discriminación… a “romper la presencia de la pobreza en el espacio urbano… el objetivo es desconcentrar la pobreza mediante la demolición En otras palabras, ahora se busca el beneficio de los promotores ligados al desarrollo urbano y no el de las poblaciones que habitan estos barrios. También se fomenta la competencia entre las ciudades, ya sea a través del presupuesto nacional o devolviéndoles atribuciones que las obligan a adoptar medidas de austeridad y libre mercado.
En esta sección señala uno de los aspectos más importantes de su síntesis: la urbanización del neoliberalismo. Esto va más allá de señalar que donde más se ha consolidado y materializado las políticas del capitalismo neoliberal es dentro de las ciudades. “La noción de «urbanización del neoliberalismo» es una forma de sistematizar la intuición de Harvey y mostrar que el neoliberalismo hace de la ciudad y sus mercados una dimensión fundamental de las lógicas de acumulación.” En consecuencia, los mercados inmobiliarios, de bienes y servicios de corte urbano, dejan de ser un circuito secundario y de redistribución del capital, como era bajo el modelo de acumulación anterior. Esto tiene tres aspectos asociados: la convergencia de los sectores de la banca y promotores inmobiliarios; la segmentación y especialización del mercado inmobiliario (oficinas, hoteles, vivienda, etc.), y la financiarización de la ciudad, en la que la construcción, comercialización y gestión de inmuebles forma parte de empresas financieras.
Uno de los aspectos que resalta Pinson es que no existe uniformidad en la implantación de las políticas neoliberales; no hay un recetario. Los casos en Europa resultan disimiles entre sí y estos son muy distintos en comparación a los de EUA. Además de que las políticas neoliberales pueden entremezclarse con políticas relacionadas con el estado de bienestar a lo largo del tiempo y de distintos contextos. Una limitante del libro es que este sólo cubre ejemplos de los países desarrollados, dejando de lado los casos del tercer mundo, y el claro antecedente del desarrollismo que se creó en alternativa al keynesianismo en estos países.
Finalmente, la tercera parte del libro aborda las consecuencias de las políticas neoliberales sobre la democracia liberal urbana. En ella se resume las posiciones teóricas basadas en Foucault, que resaltan la creciente vigilancia y control de los espacios urbanos. También se aborda como la pérdida del entramado de la democracia liberal representativa y de los contrapesos a nivel local, debido a gobiernos cada vez más centralizados en los que este tipo de instituciones dejan de tener cabida en la toma de decisiones.
Al respecto señala que hay tres limitaciones de estos enfoques: 1) sufren una deriva hacia una “edad dorada” de la ciudad, es decir, mitificando el pasado, como si la situación anterior no hubiese estado llena de problemas de represión, vigilancia y métodos antidemocráticos (algo que Lefebvre (1974) ya criticaba en dicho momento para el caso francés). 2) La idea de gobernanza, que señalan que los gobiernos urbanos son cada vez es menos transparente, pero ante el enorme crecimiento urbano surgen mecanismos administrativos y de gobierno cada vez más complejos, por lo que resulta difícil afirmar que su fin sea ser antidemocrático y no enfrentar los nuevos problemas. 3) La metropolitanización no está condenada a seguir una agenda neoliberal ni generar gobiernos antidemocráticos, pues hay ejemplos de lo contrario.
El autor no lo señala, pero es evidente que el impulso del mercado y la lógica empresarial entran en contradicción con la democracia liberal. Por lo tanto, el impulso del neoliberalismo desde el Estado tiene como consecuencia lógica la erosión de la democracia, para reducir la contradicción con el objetivo principal: impulsar un nuevo modelo de acumulación capitalista. Esta omisión probablemente se deba a que está resumiendo las observaciones desde teóricos basados en Foucault, quienes evitan abordar los procesos de acumulación capitalista al considerar que estos no son la causa de las políticas neoliberales.
Una parte central sobre estas discusiones es la definición y uso del concepto de ciudad neoliberal. A menudo se utiliza como causa raíz de todo tipo de fenómenos y políticas: gentrificación, democracia participativa, grandes eventos de entretenimiento, turismo de masas, etcétera. Lo que le confiere un carácter de omnipresente y omnipotente en las explicaciones de distintos fenómenos dentro de las ciudades – todo se relaciona y todo tiene una causa debido a la neoliberalización (P. 146-147). Está claro que el término se ha utilizado como un comodín explicativo, sobre el que no se profundiza y que, en muchas ocasiones, se ha empleado para eludir la discusión de fondo sobre el sistema capitalista, que ya generaba muchas dinámicas aún antes del auge de las políticas (capitalistas) neoliberales, dinámicas que solo se acentuarían con el predominio neoliberal. Esto es especialmente cierto en los enfoques foucaultianos y en varios autores de la geografía crítica; así como en muchos movimientos sociales y activistas que se reapropian de estos enfoques académicos en sus discursos. Su uso como comodín termina por generar descripciones tan heterogéneas y con diversas excepciones, que vuelve muy difícil definir de forma puntual qué es una ciudad neoliberal. Desde mi perspectiva, esto se debe a no comprender ni profundizar sobre el proceso de acumulación capitalista contemporáneo en su versión neoliberal. El capitalismo siempre será contradictorio y adaptativo. Además, se trata de un proceso de acumulación que aspira a ser universal, pero requiere adaptarse a lo concreto de lo local para poder funcionar.
El hecho de dotarle de tal poder explicativo al neoliberalismo (dejando de lado el proceso de acumulación capitalista) impide muchas veces visibilizar las alternativas o generarlas, como bien señala Pinson. Incluso, estudiar los procesos y alternativas que se generan en contra tendencias a la ciudad neoliberal. Algo que algunos autores han comenzado a explorar, por ejemplo desde el marxismo, David Harvey con su texto de Ciudades Rebeldes (2013), desde una inspiración foucaultiana, Stavros Stravides con su propuesta de Hacia una ciudad de umbrales (2016) o Martín Arboleda con Gobernar la utopía (2021), desde un enfoque de la planificación urbana radical.[3] Y es que en este momento se vuelve urgente este trabajo de estudio y alternativas ante lo que pareciera una acentuación de la ciudad neoliberal con un corte autoritario sin precedentes, ante el resurgimiento de la derecha en el mundo.
Como señala Pinson “si el objetivo de las ciencias sociales no es sólo analizar el mundo, sino también mejorarlo, el deber de los investigadores es detectar y documenta las semillas hacia el progreso social. Y no faltan esas semillas” (P. 150).
Referencias:
Pinson, Gilles. (2025). La ciudad neoliberal. Traducción de Diego Roldán. Ciudad de México: El Colegio de México.
Arboleda, Martín. (2021) Gobernar la utopía: Sobre la planificación y el poder popular. Buenos Aires: Caja Negra Editora.
Béal, Vincent y Rousseau, Max. (2014). “Alterpolitiques!” Métroploes, 15. https://doi.org/10.4000/metropoles.4948
Boas, T. C, & Gans-Morse, J. (2009). Neoliberalism: From New Liberal Philosophy to Anti-Liberal Slogan. Springer-Verlag. Studies in Comparative International Development, 44(2). http://dx.doi.org/10.1007/s12116-009-9040-5 Retrieved from https://escholarship.org/uc/item/976373v9
Dawes, Simon. “Neoliberalism Studies and Media Studies.” Diogenes 65, n.º 2 (2024): 264–275.
Featherson, David; Strauss, Kendra; MacKinnon, Danny. (2015). “In, Against and Beyond Neo-Liberalism: The ‘Crisis’ and Alternative Political Futures”, Space and Polity, 2015, 19 (1), pp. 1-11.
Harvey, David. (2013) Ciudades rebeldes: Del derecho de la ciudad a la revolución urbana. Traducción de Juanmari Madariaga. Madrid: Akal.
Lefebvre, Henri. (2017[1974]). El derecho a la ciudad. Traducción de Emilio Martínez. Madrid: Capitán Swing.
Stavrides, Stavros. (2016). Hacia la ciudad de umbrales. Traducción de Olga Abásolo Pozas. Madrid: Akal.
[1] Un uso equivocado del término, pues David Harvey probablemente sea de los autores más apegados a Marx y tiene poca relación con la escuela de Frankfurt o Herbert Marcuse.
[2] Es importante notar que la escuela de regulación francesa “el equilibrio no es la norma. E capitalismo se caracteriza por la aparición regular de conflictos y crisis que exigen una adaptación permanente de las normas e instituciones”. Y, “a diferencia de los marxistas, creen que las contradicciones del capitalismo no preparan necesariamente su colapso sino su reconfiguración permanente de las instituciones que lo enmarcan” (p. 41).
[3] Pinson señala tres textos menos conocidos, no por ello menos relevantes: Béal & Rousseau (2014) y Featherstone et al. (2015)

