Andrej Holm sobre Engels y la vivienda como bien de inversión
¿El reformismo radical es suficiente para detener la mercantilización de la vivienda?
“A largo plazo, la desmercantilización de la vivienda es la única defensa contra la gentrificación”... una vivienda y un barrio decente deberían de ser un derecho, no un privilegio. Por supuesto, esto no puede lograrse con una serie de reformas, serán necesarias transformaciones políticas más profundas que los cambios sociales, y espaciales que conocemos el día de hoy” (Williams y Smith, 222).
En su libro Lo que Engels no podía saber. La vivienda como bien de inversión (Katarak, 2024), el sociólogo alemán Andrej Holm trae a la actualidad las teorizaciones y reflexiones de Friedrich Engels sobre la vivienda, y en menor medida, las de Marx (quien desarrolló poco este tema). Holm muestra muy bien cómo algunos de los diagnósticos de Engels siguen vigentes.
Sin embargo, muchas cosas han cambiado, tanto en lo que respecta al problema de la vivienda en el capitalismo como a su forma de negocio y su papel dentro del mismo. Cuando Engels publicó por primera vez La situación de la clase obrera en Inglaterra en 1845, los “desarrolladores” de vivienda eran principalmente pequeños empresarios (especuladores, empresarios, carpinteros o albañiles). Asimismo, se trataba de un mercado con muy poca regulación en cuanto a códigos de construcción o mantenimiento, lo que llevó a construir viviendas en malas condiciones para habitar, que se alquilaban y en las que se hacinaba a los trabajadores, sin ningún tipo de orden relacionado con el funcionamiento de la ciudad.
Las condiciones actuales son diferentes. El desarrollo inmobiliario está dominado por grandes empresas del sector financiero (de carácter transnacional) y, además, existe una gran cantidad de normativa destinada a garantizar ciertos niveles mínimos de confort y orden urbano. Esto permite alcanzar unos niveles mínimos de salubridad y evitar el hacinamiento en las viviendas de alquiler y venta de las grandes ciudades del mundo, en particular de los países desarrollados. No obstante, algunos de estos aspectos persisten en países subdesarrollados (como muestra Mike Davis en Planeta de ciudades miseria, Akal, 2014).
Varias de las terribles condiciones descritas por Engels comenzaron a abordarse en el centro de las grandes ciudades europeas, no mediante soluciones destinadas a proporcionar una mejor vivienda a la clase obrera, sino mediante la destrucción de barrios obreros para construir infraestructura útil para el capital y viviendas para las clases medias y altas (mediante endeudamiento). Esto, junto con la expulsión de la clase obrera a la periferia. Es decir, una estrategia de relocalización espacial del problema que Engels denominó “método Haussmann” (p. 96), en referencia a lo sucedido a los barrios obreros de París bajo la dirección del Barón Haussmann. Esta historia la explica muy bien David Harvey en su libro París, capital de la modernidad (Akal, 2008).
Holm reconoce que el problema de la vivienda no se puede resolver dentro del capitalismo por el simple hecho de que las empresas buscan una ganancia, no buscan cubrir necesidades sociales. Reconoce las conclusiones de Engels[1], quien también criticaba y tachaba de reformista a las iniciativas para solucionar el problema de la vivienda dentro de la misma lógica del mercado.
Holm es consciente de estas críticas, ya que también las reconoce parcialmente (p.1 71). Su propuesta para resolver el problema de la vivienda es la idea de un “reformismo radical” (sic). (p.210). Para ello propone que el Estado intervenga junto con organizaciones sociales para establecer “relaciones sociales alternativas… para la implantación de un sistema político diferente” (p.210). Lo que se puede intuir es que facilitaría la creación de las condiciones sociales para la superación del capitalismo. Según Holm esto se lograría al “…acabar con el carácter mercantil de la provisión de vivienda y superar las condiciones de vivienda y democratizar, en el sentido de reducir la desigualdad entre los que planifican, construyen y gestionan las viviendas y los que viven en ellas” (p. 212). Un tipo de reformismo que él lo cataloga como “iniciativas transformadoras de la política de vivienda” (p. 172), centradas en ampliar las estructuras de propiedad colectiva y social en el sector de la vivienda.
Para conseguirlo, Holm propone impulsar las cooperativas y la autoconstrucción, establecer un nuevo carácter social de utilidad pública de la vivienda y reconocer la vivienda como infraestructura social. Las cooperativas y la autoconstrucción buscan reducir la mercantilización directa de la vivienda. Esto se consigue organizando parte de los procesos de construcción, asignación y mantenimiento fuera de los mecanismos de mercado. La idea de utilidad pública de la vivienda se basa en la utilización de instrumentos jurídicos de Alemania para reducir impuestos, limitar beneficios privados y garantizar que los fondos destinados a la vivienda se utilicen para el beneficio público (como en el caso de las sociedades sin ánimo de lucro). Por último, la previsión de la vivienda como infraestructura social se refiere a la promoción y producción de viviendas por parte del Estado, reconociendo que se trata de un bien de consumo colectivo, ya que genera experiencias compartidas y requiere un mínimo de acuerdo colectivo para su construcción. Holmes considera que, si estas medidas se aplicara a la provisión de vivienda (al menos en parte), se produciría una desmercantilización gradual de la misma y dejaría de operar según la lógica de la oferta del mercado inmobiliario. Aunque no por ello se desligaría totalmente del mercado, ya que indirectamente continuaría dependiendo del mismo (por ejemplo, los materiales de construcción se seguirían proveyendo mediante mecanismos de mercado). Esto lo califica como una estrategia de desmercantilización parcial (p. 239).
La agenda propuesta está acompañada de ejemplos históricos y reales que muestran su aplicación. Sin embargo, su concepción de “reformismo radical” resulta muy optimista, cuando no ingenua. Está basada principalmente en instrumentos jurídicos que debe usar el Estado (según su experiencia en Alemania). Él mismo reconoce que estos instrumentos se utilizan para mantener el status quo y que son conservadores por naturaleza. Y es aquí donde da un salto de fe, al sostener que esto “bajo las condiciones de la rápida neoliberalización y financiarización, se están transformando en herramientas para un cambio sostenible” (p.243). Cuando justamente esta financiarización es de orden especulativo y totalmente desligado de lo local.
Es una situación incompatible, pues básicamente aboga por el regreso al Estado de bienestar dentro del neoliberalismo. Algo imposible, dado que el neoliberalismo se encargó de destruir el Estado de bienestar de forma estructural. Además, que va en contra de su propia experiencia como subsecretario de vivienda en el Gobierno de Berlín durante 2016-2017. ¿Acaso no fue diferida la iniciativa de limitación de las rentas en Berlín y el intento de expropiación de las carteras de vivienda al sector financiero (avalado por un referéndum) mediante instrumentos legales (p.4)? Él mismo sufrió una enorme presión por la iniciativa de limitación de las rentas, que terminó obligándolo a renunciar a su puesto en el Gobierno de Berlín. Por ello, su propuesta es ingenua en comparación con su experiencia.
Parece que busca impulsar tímidamente la agenda del Derecho a la Ciudad, como “una estación intermedia” en el camino para superar el capitalismo y el poder estatal que lo sustenta (como propone Harvey, 2013: 16), pero dentro del mismo capitalismo neoliberal y del Estado que lo mantiene - y con sus mismos mecanismos. Olvidando que son precisamente estas condiciones las que lo impiden ahora. Esto lleva a considerar que su “reformismo radical” carece de bases para poder implementarse, y lo que requiere para ello es un amplio movimiento popular - a pesar de que él crea que no basta con la voluntad colectiva (p. 239).
Referencias:
Holm, Andrej. (2024). Lo que Engels no podía saber. La vivienda como bien de inversión. Iruñea-Pamplona: Katarak.
Davis, Mike. (2014). Planeta de ciudades miseria. Madrid: Akal.
Engels, Friedrich. (1845). La situación de la clase obrera en Inglaterra. Marxists Internet Archive. Consultado el 2 de abril de 2026. https://www.marxists.org
Harvey, David. (2008). París, capital de la modernidad. Madrid: Akal.
Harvey, David. (2013). Ciudades rebeldes. Del derecho a la ciudad a la revolución urbana. Madrid: Akal.
Williams, Peter & Smith, Neil. (eds). (1986). Gentrification of the City. London: Routledge.
[1] “Para acabar con esta penuria de la vivienda no ha mas que un medio: abolir la explotación y la opresión de las clases laboriosas por la clase dominante”. Frederich Engels, citado por Holmes (p. 105).

